22 de Junio, 2017


CELEBRACIÓN DE CONSAGRACIÓN DE VÍRGENES 2017

 


El Cardenal Ricardo Ezzati, en la Iglesia Catedral, consagró a cuatro mujeres profesionales, como esposas de Jesucristo y para estar al servicio de Dios y de la Iglesia. Sus familiares y una multitud de amistades "repletaron" la Iglesia Catedral. En este momento tan emotivo y decisivo, el Cardenal les pregunta:- ¿Queréis consagraros virginalmente al servicio de Dios y de la Iglesia hasta el fin de vuestros días? Y ellas con fuerte voz respondieron, -Sí, quiero.
   

Por. ORIELÉE DE JESÚS

Enseguida les volvió a preguntar, -¿Queréis seguir a Cristo por el camino de los consejos que Él propone en el Evangelio de tal manera que vuestra vida ofrezca un particular testimonio de caridad y sea un signo manifiesto del Reino?. Y ellas, volvieron a confirmar con un; -Sí, quiero.

Por tercera vez, les pregunta: -¿Queréis ser consagrada a nuestro Señor Jesucristo y ante la Iglesia ser desposadas con el Hijo del Dios Altísimo?. Ellas mucho más emocionadas dijeron: - Sí, quiero.

Se escuchan las voces del coro cantando las letanías, las 4 Hermanas se postran en señal de amor y humildad en el seguimiento de Jesucristo.

La Iglesia se ve muy iluminada, varios amigos sacerdotes y seminaristas las acompañan.

De rodillas y con sus manos juntas entre las manos del Cardenal, ofrecen a Dios su propósito de castidad diciendo: “Padre, recibe, mi propósito de castidad perfecta y mi determinación de seguir a Cristo, que espero lograr con la ayuda del Señor; esta resolución la pongo de manifiesto ante ti y ante el Pueblo Santo de Dios”. Así sucesivamente pasaron las cuatro ha hacer su ofrecimiento.

El Cardenal, hace la oración de consagración, que es bellísima y en ella está concentrada la forma de vida que debe llevar:

“Señor, que habitas en los cuerpos castos y amas las almas virginales; Señor, que en tu Hijo, por quien todo fue hecho, restauras la naturaleza humana, Señor, que no sólo reintegras al hombre su inocencia original sino que también le permites experimentar algunos de los bienes que le están reservados para la vida futura, haciendo semejantes a los ángeles del cielo a quienes viven sujetos a la condición mortal. Mira a estas hijas tuyas que al colocar en tus manos su propósito de virginidad te ofrendan el amor que tú mismo les inspiraste”.  “Ofrecen su vida no por desprecio al matrimonio, sino amando lo que las nupcias prefiguran”.

En las misma oración, pedirá a Dios por ellas: “Por eso te pedimos, Señor, que protejas y guíes a estas hijas tuyas que imploran tu ayuda y desean ser afianzadas con tu consagración. Que por el don de tu Espíritu resplandezcan con una modestia prudente, una sabia bondad, una afabilidad serena y una libertad casta. Que tengan una caridad ardiente y nada amen fuera de Ti. Que su vida sea digna de alabanza pero no busquen ser alabadas; que te glorifiquen, Señor, por la santidad de sus cuerpos y la pureza de sus almas; que te reverencien por amor y por amor te sirvan. Que Tú seas su honor, su alegría y su querer y se encuentren en ti consuelo en las tristezas, consejo en la duda,  defensa en las injurias; paciencia en la aflicción, abundancia en la pobreza, alimento en los ayunos y remedio en la enfermedad. Que en Ti, Señor, lo encuentren todo y sepan preferirte sobre todas las cosas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor”.

Luego, entregará las insignias, por así decirlo, de la consagración.

La Hermana de rodillas ante el Cardenal, el dice: “Recibid el anillo, que significa el sagrado desposorio con Cristo, y guardad intacta la fidelidad a vuestro Esposo, para que seáis admitidas al gozo de las nupcias eternas”. Le entrega el velo y luego el libro de las Horas, que es el libro de la oración de la Iglesia, “para que resuene sin cesar la alabanza del Padre del Cielo e intercedáis por la salvación de todo el mundo”.

Las cuatro nuevas consagradas son recibidas por cada hermana de la comunidad con un abrazo fraterno.

Concluirá la Eucaristía con todas las vírgenes consagradas con su cirio encendido salen en la procesión.

El pueblo de Dios presente, sonriente estalla con fuertes aplausos.

       



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ORDO VIRGINUM del ARZOBISPADO de SANTIAGO de CHILE